sábado, septiembre 20, 2008

Dos años después

El otro día estaba recuperando mis emails y temas olvidados y recordé este blog. Ni siquiera tuve la presencia de ánimo para comprobar si aún existía. Eso lo he hecho hoy, quizá con deseos de remover el pasado.

No sé ni cómo he sido capaz de recordar el usuario y contraseña. Supongo que no ha sido cuestión de recordar (en tal caso, hubiera sido inútil), sino de reconstruir sistemáticamente qué datos podía haber utilizado. He perdido muchas cosas, pero no mis estructuras lógicas de pensamiento.

Si alguien ha leído mis posts y tiene interés por saber en qué ha desembocado todo el asunto, cuál ha sido el resultado, lo resumiré en una sola palabra: mal.

Mi situación es bastante crítica (descuidad, no fatal, no tengo intención de poner fin a todo, pues me quedan asuntos pendientes por terminar), pero mi actitud es de absoluta negación y rechazo hacia mí misma. Sí, vuelvo a emplear el femenino, pero por desgracia no con satisfacción.

"Esa parte de mí permanecerá agazapada, atenta e dispuesta a emerger a la menor oportunidad..."

Así escribía en Octubre del 2006. Ahora añadiré que no se ha contentado con permanecer agazapada, que ha vuelto a salir al exterior, con rabia, con furia, resentida y cargada de odio. Si encierras a un animal salvaje en una jaula, sólo puedes esperar dos consecuencias: que se amanse y desee que llegue la muerte, o que esté dispuesta a saltar a tu cuello a la menor oportunidad. Premio! Esto último es lo que ha pasado.

En qué se traduce ese rencor? En sentir un profundo desprecio y asco por cuanto soy, en oposición a cómo debería ser.

He dejado de preocuparme por mi aspecto, haga lo que haga, no cambiará nada. Nunca seré tal y como me siento, y aunque antes lo toleraba con prudente positivismo, confiada en que nada podría hacerme trastabillar, ahora me he cerrado en banda, no dispuesta a conformarme con menos.

Esto sólo puede acabar de una manera: autodestrucción.

Actualmente sólo me relaciono con mi familia más directa y lo estrictamente necesario con mis compañeros del trabajo. Nadie más. No atiendo al teléfono, tampoco al correo electrónico. Deseo estar ausente de todos, refugiarme al amparo de mi fría soledad.

Por qué rechazar a los amigos, a las personas que me quieren? En la propia pregunta está la respuesta. Que me quieren. Cómo atreverme a exponerme a un beso, a una caricia, gestos nacidos del cariño, cuando con sólo recordar cómo es mi aspecto, lo que soy, se me revuelven las tripas y siento auténtica repulsión?

Esto aún no se lo he confesado a nadie, pues no lo entenderían. Me dirían cosas del tipo: pero a mí no me importa cómo seas. Cómo hacerles comprender que el problema no está en ellos, sino que está en mí misma? Que soy yo la que no se acepta?

Es ahora cuando comprendo a aquellas personas que se extrañaban cuando, al preguntarme, yo respondía que no deseaba el cambio. Qué lástima que a mí no me sirva esta solución, por difícil y compleja que sea.

Si estuvieras tan desesperada, te dejarías de tonterías y empezarías a cambiar.

Lo mismo lo que ocurre es que tengo espíritu de mártir, que soy caprichosa, y como no consigo lo que quiero, lloro. Si mi sueño fuera convertirme en una gran profesional en algún campo, me prepararía sin descanso y lo conseguiría. Si fuera tener dinero, también lo lograría. Y así con todo… o moriría en el empeño. Pero qué hacer cuando tu única ilusión, tú único deseo, es no portar un gen Y en tu ADN? Por qué no voy a llorar?

Pero no lloro, para eso debería escuchar a mi corazón, atender a mis sentimientos, pero ésa es una puerta que de momento permanecerá cerrada.

No sé si escribiré nuevos posts, dado que desconozco si me servirán de algo aliviando mis males o, por contra, los acentuarán.

Ayran, un nombre que pensé que no volvería a utilizar.



sábado, octubre 28, 2006

Alguien vuelve, ¿pero quién es?

¿Tanto tiempo ha pasado?

Leo la fecha de la última entrada del blog y me sorprendo al no ser capaz de identificar los caracteres allí escritos: Febrero 23. Ocho meses, casi el período de una gestación completa. Supongo esta metáfora podría resumir bastante bien lo ocurrido en todo este tiempo. El problema es que, el doctor, tras haber mirado los resultados de las últimas pruebas, al dirigirse a la madre no tiene muy claro si decir:

- ¡Enhorabuena! ¡Es una niña!

O bien:

- ¡Enhorabuena! ¡Es un niño!

O bien:

- Lamento tener que decirle que…

Por muy manida que esté, aplico para mí ahora la frase sólo sé que no sé nada. Sé lo que fui (en cada una de las distintas etapas de mi vida), pero me encuentro bastante incapaz de averigüar qué soy, y mucho menos adivinar qué seré.

Mi evolución (si podemos llamar así al progreso de cambio hombre a mujer), no sólo se ha detenido de la forma más brusca, sino que ha retrocedido no uno ni dos pasos, sino toda una carrera, hasta alcanzar el primer agujero donde poder esconderme. Si hablo de esconderme, creo que queda bastante claro que no ha sido por gusto. Circunstancias de la vida, imprevistos, lances y sorpresas, disgustos y contratiempos para los que mi parte más sensible, a la par que vulnerable, no estaba en absoluto preparada. Quizá, con algunos pocos años más de experiencia, de asentamiento y estabilidad, me hubiera mostrado capaz de afrontar estos problemas. Quizá no. Pero lo que es obvio es que flaqueé y me rendí. No estuve a la altura. Y caí.

¿Sabéis cuando estáis pasando una mala racha e involuntariamente receláis de todo y os mantenéis a la defensiva? Eso es lo me está pasando a mí, sólo que en mi caso ese estado de a la defensiva, se traduce en una sola palabra: masculinidad.

No puedo renegar de lo que soy, de lo que forma parte de mí... Aunque no por ello deje de echar de menos todo aquello tan maravilloso que, al menos de momento, he perdido y dejado atrás. No estoy feliz conmigo mismo, pues para que así fuera tendría que estarlo conmigo misma. No es tan sólo un juego de palabras, es una angustiosa realidad, como contemplar aquello que más deseas pero a través de una irrompible pero transparente vitrina. Al alcance de tu mano, pero con insalvables obstáculos en tu camino. Querer y no poder. No... querer y no atreverte a poder.

No tengo ánimos, no tengo fuerzas ni estímulo alguno que me impulse a tratar de regresar a esta senda, a caminar por ella con ligeros pasos y la cabeza bien alta como antes hacía. Esa parte de mí permanecerá agazapada, atenta e dispuesta a emerger a la menor oportunidad... siempre que se den las circunstancias apropiadas. Pero para afrontar el día a día durante un más o menos prolongado período de tiempo, será esta otra parte mía la que lleve las riendas.

No es algo triste ni lamentable, simplemente es.

Quizá, a través de estas líneas que poco a poco intentaré ir desbrozando, reencuentre a esa sonriente muchacha, que a mis ojos casi se ha convertido en una desconocida del pasado.



jueves, febrero 23, 2006

Cierre (de momento temporal)



Una despedida

Lo lamento, pero dados los problemas por los que estoy pasando y el poco tiempo que le puedo dedicar al blog, a pesar de haberme resistido durante los últimos meses, no me queda más remedio que anunciar mi despedida (al menos temporal) de este medio.

Aún así, no voy a borrar el blog ni sus contenidos, pues creo que en sus líneas quizá pueda existir algo de interés que no deba ser eliminado de una forma tan caprichosa.

Mi correo electrónico figura en mi perfil, por si alguien desea llegar hasta mí.

Un cálido saludo, sin olvidar que he disfrutado de una grata estancia por estos lares.

¡Un abrazo!



miércoles, enero 25, 2006

¿Importa?

Tengo a medias un montón de asuntos, tantos que prefiero no pensar en ellos para no agobiarme. Es mejor seguir adelante, poco a poco, e ir cerrando cosas con calma.

Por otro lado en el trabajo las cosas no van bien; pero soy consciente de que podrían ir mucho peor, así que que aunque me quejo, lo acepto.

Pero...

Ayer (...) me regaló una canción, la cantamos juntas mientras sonaba y nos besamos cuando acabó. Me encantó. Y mira que tuve miedo cuando me dijo que había una canción que la hacía pensar en mí, ¡a saber cuál era! No, acertó. Volvió a acertar. (...) también sabe cuál es la canción que me hace pensar en ella, sólo que aún no hemos tenido ocasión de oírla estando juntas.

Pronto volveré a ver a (...). ¡Tengo muchas ganas de estar con ella! De compartir los juegos, las miradas, caricias, besos y abrazos. De charlar de una y mil cosas, y escuchar dulce música (dulce para nosotras) mientras compartimos algo muy especial.

Tras varias intentonas por parte de ambas, al fin volví a hablar con (...). La quiero mucho, es mi pequeña. Ella saca lo mejor que hay en mí. Ya una vez me salvó de las tinieblas con su inocencia y cariño, y con sólo unas cuantas palabras suyas hacen de bálsamo purificador en mi interior. La echo de menos, pero confío en que podamos vernos pronto.

Estoy volviendo a hacer algo que en su día dije que no repetiría, coquetear con alguien que conocí, por casualidad, en la red. (...) parece tan mimosa como yo, sincera y con caracter, tenemos mucho en común en nuestra forma de pensar, aunque de nuevo, vive lejos.

Y hay más personas que me aprecian, valorando quién y cómo soy, a pesar de mis rarezas y extraña forma de ser.

No obstante, no tengo novia. ¿Importa?

Quizá sea algo que siempre importa, pero no voy a permitir que sea algo que me quite el sueño ni ensombrezca la buena época que estoy viviendo. Porque sin engaños, sin juegos, sin falsas pretensiones ni embaucamientos, todo lo que estoy sintiendo (de ida y de vuelta), es verdadero.

Chic@s, lo siento pero sigo con todo manga por hombro y sin tiempo para estar al tanto de nada. Este rato que he aprovechado para escribir ni sé de dónde lo he robado (supongo que ya luego me pasará factura, seguro). Y reitero mi petición de que, aunque no escriba, no os asustéis, no significa que me haya pasado nada malo, aunque agradezco (y valoro) vuestra preocupación. El email sí tengo ocasión de poder consultarlo más a menudo (así es como me entero de los comentarios que me escribís), así que si me necesitáis para algo u os apetece escribir unas líneas, en el perfil lo tenéis.

¡Un beso!