jueves, diciembre 22, 2005

Sin más

Con lo fácil que sería todo si...

Esta frase resuena continuamente en mi cabeza. Incluso creo haberla empleado en la escritura de algún comentario. ¡Pero es que es verdad! ¡Qué fácil sería todo, si todo fuera diferente!

En un mundo tan arisco (mejor me ahorro la lista de epítetos bien merecidos que me vienen a la mente) como éste, cualquier atisbo de luz y claridad siempre es cegado o escondido por eternas sombras y tinieblas. Pero no nos metamos en retórica; soy muy consciente del punto que deseo tratar.

¿Por qué prácticamente tienes que pedir disculpas cuando quieres decirle algo positivo (bonito) a alguien?

¿A cuánt@s no os ha pasado, paseando por la calle, cruzar la mirada con alguien y pensar ¡vaya, qué guapa! ¡qué mirada! ¡me gusta esa sonrisa! ¡qué simpática!? ¿Y cuántas veces os habéis mordido la lengua, habéis callado a vuestro pesar, debido a cómo podrían interpretarse (malinterpretase) vuestras palabras? A mí, demasiadas.

¡Y no lo entiendo!

Parece que a la gente no le cuesta nada en absoluto insultar, reprochar, ridiculizar o menospreciar a alguien. Pero a la hora de favorecer o ensalzar... callamos. Y callamos por infinidad de motivos, principalmente porque la otra persona pueda pensar que existen otros oscuros intereses ocultos detrás de nuestras palabras (sexuales, económicos, etc.).

¿Y por qué ocurre esto? Porque habitualmente, detrás de esos halagos suele haber otros oscuros intereses ocultos (sexuales, económicos, etc.). Y cuando la naturaleza de esas palabras es en verdad sincera y del todo transparente, te las terminas tragando para que no se piense mal de ti.

Al final, lo que queda siempre es negativo. Se pronuncia lo malo y se calla lo bueno.

Porque, ¿cuánto bien podrían hacer esas palabras en el momento oportuno? Tod@s somos conscientes de nuestros defectos, bien sea por la cruda realidad del espejo o por aquello que la sociedad se empeña en recordarnos. ¿Pero cuántas veces alguien nos destaca lo que hay bueno en nosotros? Casi nunca. Yo lo pienso, en mi caso. No soy guapa (tampoco guapo), no necesito que nadie me lo diga, pero si un día, sin más, alguien me dice algo bonito, mi autoestima subirá al instante y hará que me sienta mejor conmigo misma, y por ende, con mi entorno. Y como a mí, le pasará a la mayoría. Pero lo único que escuchamos es silencio o rechazo. Y cuando recibimos algo, es que hay otras pretensiones en escena. Piensa mal y acertarás, dice el refrán.

¡Ya está bien! Me revienta que esto sea así, me parece patético y de lo más lamentable. Pero es así, y está ahí fuera. Pues bien, ok, sea, pero yo no estoy dispuesta a pasar por el aro.

A mí me sale actuar así, decir las cosas sin más, sea a alguien del trabajo, a una amistad o a un/a auténtic@ desconocid@. Recuerdo que cuando conocí (electrónicamente) a Yleana, no me reprimí y le comenté (para mi sorpresa) lo atraída que me había sentido hacia ella. E Yleana supo entender el sentido de mis palabras, reconociendo mi sincero interés y no que estuviera tratando de ligar, que sería lo más típico.

Éste no es el mejor ejemplo, pues nosotras siquiera nos hemos mirado a la cara y nos hemos valido de un medio electrónico e impersonal para ello. Pero ya es algo.

Harta de esta situación, he decidido ser consecuente con mi enfado y ponerle remedio en cuanto esté a mi alcance. Y esta tarde, sin ir más lejos, me he atrevido a lanzar otro bienintencionado comentario, esta vez cara a cara, a una compañera del trabajo. El resultado: he logrado una sonrisa y que se permitiera unos momentos de inofensiva coquetería. Incluso un posterior detalle, evidenciando lo bien recibidas que habían sido mis palabras.

Si no me cuesta nada hacerlo, si no juego con nadie (nunca mentiría), si no manipulo buscando algo y puedo conseguir que una persona se sienta mejor, ¿por qué no? Si tod@s hiciéramos lo mismo, ¿no mejoraría este mundo con un esfuerzo tan nimio?

Os invito a intentarlo, a que pueda convertirse en una cadena que se extienda lo más posible. No obstante, antes deseo destacar unas condiciones:

- La primera y más básica. Jamás buscando un resultado, ni tan siquiera caer bien a alguien. Si no es del todo altruista, no cuenta. Como si lo lanzáis y os vais, sin averiguar siquiera el efecto.

- La segunda. Jamás mentir. En esto no vale la caridad o la compasión. Ante todo sinceridad, tampoco queremos que se quede dudando sobre la veracidad de nuestro cumplido, pues eso llevará inequívocamente a pensar que hay algo detrás.

- La tercera. Por favor, con un poco de vista y diplomacia, teniendo en cuenta que lo que puede parecer un cumplido para ti puede resultar dañino a otros. No hay que caer en la paranoia, pero sí tener una pizca de tacto. No olvidéis que el fin de esto es hacer bien :)

- La cuarta. Ha de ser del todo espontáneo, no que te sientes en tu mesa del trabajo y te pases media tarde pensando qué le puedes decir que le agrade a un compañero. No, te tiene que venir a la cabeza y dejar que salga por tu boca. ¡El halago caduca a los díez segundos!

- Y la quinta, como detalle. No se te olvide que el/la destinatari@ puede ser alguien de tu familia, tu pareja, tu amig@, tu compañer@ del trabajo o de estudios, tu vecin@, un/a conocid@ o alguien con quien te has cruzado en el autobús (¿la micro decís?). Tod@s son personas, y como tal, lo merecen y agradecerán.

Sé que esto que he propuesto para algun@s parecerá una chorrada, de lo más simple, pues ya lo hacían antes de que yo dijese nada. Bien, ¡seguid así! ¡Os necesitamos! Sin embargo, para otr@s, será todo un mundo, pánico, tensión, un auténtico infierno. Intentadlo, os lo pido por favor. El fin lo merece.



martes, diciembre 20, 2005

Consciencia

Ocupada. Ocupada. Ocupada. Muy ocupada.

Parece mentira el tiempo que paso delante de un ordenador y aún así, no encuentro hueco para escribir una simple entrada en el blog. Paradojas de la vida.

Y lo malo es que me gustaría estar pendiente de cuanto escriben muchas otras personas, estar al día de su vida, de sus experiencias, sentirme cómplice y confidente de sus circunstancias. Pero no puedo. Encuentro un pequeño agujero por el que escurrirme y aparezco, escribo unas líneas, leo algunos posts y, cuando me descuido, he vuelto a desaparecer de escena por una o dos semanas. Supongo que de tener que andar a escondidas con mi situación me sería mucho más sencillo estar al tanto de todo (anda que no hay tiempo y más tiempo que me aburro estando en el trabajo). Pero no, me debo conformar con mi tiempo libre. Sea lo que sea lo que signifique ese término...

Pero hay un tema del que sí me ha dado tiempo a reflexionar. Es respecto a ella.

El otro día hablaba ilusionada de ella con una amiga, haciendo los típicos comentarios en estos casos, bien os los podéis imaginar. Aunque...

Quizá en ocasiones peque de fría y calculadora, de dejar mis emociones a un lado en pos de los dictámenes de mi cabeza. Quizá ando recelosa de los fracasos de anteriores relaciones. Quizá soy demasiado cobarde a veces. Sin embargo, no creo que éste sea el caso ni ninguno de los motivos para haber llegado a esta resolución: no voy a intentar salir con ella.

¿Por qué? La respuesta está unas cuantas líneas más arriba. No tengo tiempo.

Si ni siquiera puedo visitar unas páginas web, ¿cómo diablos voy a ser capaz de sostener una relación, al nivel que sea? No, no es el momento, no estoy preparada. Podría comenzar con mucha ilusión, pero en cuanto las circunstancias provocaran un enfrentamiento entre las responsabilidades y ocupaciones y las necesidades propias de una pareja, todo comenzaría a enturbiarse. Ahora mismo no estoy dispuesta a hacer sacrificios.

Y alguien me diría, si estás con alguien a quien quieres, no son sacrificios. Exacto. Éste es un ejemplo más que ratifica que no es el momento, pues para mí sí que me supondría un esfuerzo. No sería justo para ella ni para nadie.

Además, como dijo Karl en un comentario referido a otro tema (más bien a otra persona), si tiene que ser, será. No voy a cerrar puertas, a decir que no ni a mostrarme esquiva. Sólo que no voy a partir con una pretensiones definidas. Sí, sé que cuando la vea me volveré a quedar con la boca abierta y estaré encantada de disfrutar aunque sean unos pocos minutos en su compañía. Pero creo que disfrutaré aún más si no me pongo nerviosa pensando en cómo quedar con ella.

No obstante, siempre puedo cambiar de opinión.

¡Ah! Cambiando de tema. ¿Qué es todo ese lío de los premios Underground? ¡Me descuido un momento y me metéis en cada berenjenal! He mirado la página (un poco por encima) y me he enterado de muy poco, aunque eso sí, se advierte a la legua la mano de Gia en todo el asunto. Creo que de Heterina también...

Dudo que vaya a ganar, pero el sólo hecho de estar nominada ya es un logro, ¿no? Eso porque no hay una categoría que se llame el blog estático, que contemple el que menos se mueve con posts nuevos, ¡que ahí sí que ganaba!

Por cierto y para despedirme por hoy, os hecho a tod@s de menos, sé que andáis pendientes de mí.

¡Un beso!



jueves, diciembre 08, 2005

Con perspectiva

Antes incluso de que leyera los acertados comentarios de Gia e Yleana (siempre se puede contar con vosotras, chicas), yo misma me desperté ayer con la intención de afrontar las circunstancias desde un diferente punto de vista. Y me siento mejor.

Shoujo AiLa otra vez al día siguiente aún tenía la fantástica resaca posterior al encuentro, y fue un par de días después cuando me vine abajo. Esta vez fue instantáneo. Nada más despedirme de ella en el tren, noté que una parte de mí se iba con ella. La última vez se trataba de una ilusionada neblina que poco a poco se iba difuminando, pero ahora es diferente, aún en la distancia, sé que C está ahí, y que nos queremos. Hablé ayer con ella, y piensa exactamente lo mismo.

Habrá momentos malos, seguro, pero desde esta perspectiva, todo se ve mucho mejor.

La imagen es de un regalo que ella me hizo y que me encantó.



miércoles, diciembre 07, 2005

Vuelta a la realidad

Llevaba una racha de agobios, de no disponer de tiempo para nada, descentrada y poco productiva, así que en cuanto surgió la oportunidad de llevar a cabo una escapada, no me lo pensé dos veces y acepté. Máxime si la compartía con una amiga a quien quiero mucho.

El tiempo que pasamos juntas fue genial, risas, buen ánimo, diversión, tranquilidad, cariño, en definitiva, lo que se dice estar agusto. Y en la intimidad, aún mejor. Aún me estremezco recordando sus caricias, los besos compartidos, la suavidad de su piel, el aroma de su cuerpo o el sabor de sus labios. Sonrío al imaginarnos paseando siempre cogidas de la mano o de la cintura, intercambiando dulces y juguetonas miradas o en apasionadas escenas plenas de sensaciones en la cama o en la ducha.

Pero supongo que lo más gratificante de todo es que entre sus brazos me sienta tan mujer, pudiendo olvidar los eternos fantasmas de la realidad por un tiempo. Han sido varios días, pero al final se me ha hecho cortísimo.

Sin embargo no todo es tan perfecto. La escapada terminó y cada una tuvimos que marchar lejos, muy lejos, de la otra, sin ni siquiera saber cuándo podremos volver a vernos. Fue despedirme de ella en el tren y la congoja hizo presa en mi estómago. Corrí por la estación porque no era capaz de simplemente caminar, hasta llegar al coche. Cogí la carretera de vuelta a casa con la música a todo volumen para no pensar. Y llegar al hogar, con la family, teniendo de nuevo que aparentar ser quien no soy, no ha mejorado mucho las cosas. Mi amiga me llamó horas más tarde para decirme que había llegado bien, pero yo casi no pude hablar con ella, me faltaban las palabras y la tristeza se acentuó.

Sabía que esto pasaría, pero no por saberlo resulta más fácil de llevar. Sólo confío que los efectos pasen, que se deba a que hoy acuso más su ausencia después de varios días siempre juntas y también por el cansancio que tengo por la falta de sueño.

Espero que así sea, porque si no, los próximos días voy a pasarlo muy mal.